miércoles, 18 de abril de 2007

Calamidades



Y, a raíz de lo que nos pasó anoche, me acordé de este cuento-historia, para que veas que te siento y para que pongas a prueba mis intenciones, que en ningún caso fueron "intencionadas", sino más bien, intuitivas, vale?

Yo, sólo le dije, susurrando: ten cuidado, nos tienen a tiro de cañón... Él me miró, casi con desprecio y me dijo: ey!, Yo Amo El Peligro! Llevábamos casi dos horas escabuyéndonos entre los árboles y la maleza, con el cuerpo pegado al suelo, guiados por los insectos que, extrañados, nos miraban como, inmóviles, soportábamos el acoso de nuestros enemigos, tratando de encontrarlas...

Habíamos perdido a dos de los nuestros, sin embargo, su sacrificio nos había dado la satisfacción de rescatar a dos de ellas.

Y cada rescate tuvo su particularidad. La primera, fue salvada casi por choreza, simplemente porque atacamos intempestivamente, con agresividad y alboroto... ahí, cayó Andrés. Intentamos recuperar su cuerpo, pero ya no teníamos la actitud amenazante de unos minutos atrás. El enemigo sabía que podía dañarnos, sabían que nos habían restado fuerzas y, aún cuando ya no tuvieran una rehén con la cual presionarnos, seguirían tratando de aniquilarnos. Huimos. El segundo ataque fue más inteligente, puesto que los hicimos pensar que éramos más y que veníamos en varias direcciones. Se sintieron desorientados y dispararon incesantemente hacia todas partes, incluso, acometiendo en contra de algunos de sus mismos hombres. Logramos arrebatársela y dejarla a salvo en nuestra base, pero cuando nos reagrupamos, sólo llegamos dos... Gonzalo no lo logró.

A Juan Carlos, lo ví morir, en carnicería, como si un grupo de hienas hubiesen rodeado su cuerpo para transformarlo en un festín. Fue una muerte lenta y dolorosa; el enemigo jugó con él, antes de matarlo, como juega un gato con un ratón, para entretenerse, para saborear su superioridad, su éxito. Intenté salir del estupor que me causaba el espectáculo y que me sumía en el miedo; de pronto, la ira me hizo reaccionar y sentí como mi espalda se llenaba de un calor extraño, mis ojos se aguzaron, mis puños se apretaron, mi corazón comenzó a latir más lento y más fuerte; cuando escuché mis propios latidos, fue que todo ocurrió. Me acerqué, reptando en silencio, temblando. Estaba precisamente en la línea del enemigo y su circo sangriento. Si trataba de flanquearlos, perdería tiempo valioso, pero eran más y no hubiera podido hacerles frente yo solo. Estaba muy cerca. Tan cerca, que logré ver los ojos del JuanCa, que desde el suelo, me buscó por entre el follaje y, a través de su propia sangre, dijo, entrecortado y moribundo: Ahora! y esa fue la señal. Con las pocas fuerzas que tenía, aferró fuertemente a dos de sus torturadores, entonces, como un animal, salté por entre la hierba y acerté un tiro feroz al corazón de otro de los cobardes, que cayó, silencioso, mientras el resto de mis agresores no lograban entender que había eliminado a su compañero. Atravesé el espacio que me separaba de ella, veloz, con los ojos fijos en ella, incapaz de mirar atrás. La tomé fuertemente por la cintura y corrí, a través del fuego cruzado, ignorante del dolor de las heridas que, en mi escape, había recibido. Lancé mis municiones a ciegas, sin parar... sin mirar atrás.

Cuando nos reunimos, la alegría era desbordante. Luego de la celebración, nos formaron y me enviaron directo a la enfermería.

Y la Gladys me preguntó: ¿en qué estabas pensando cuándo saltaste entre la zarsamora, cabro leso? Mira, Pablo, cómo te dejaste las piernas, todas tajeadas! Ahora si que el Akela la va a sufrir con tus papás... y ojalá que tu también, por tonto!!!

Casi ni la escuché, total, ni me dolía... Debe haber sido el sabor exultante del triunfo... habíamos ganado la Flor Roja!!!

Y lo mejor, es que mañana, tal vez jugaríamos otra vez...

2 comentarios:

Sahi... dijo...

como te dije ayer, el sabado perdi la memoria, ja...

La vida es entretenidicima cuando la haces un juego,

ojala no se pierda esa capacidad de abstraerse y jugar a vivir y vivir jugando.


un abrazo.

Sahi... dijo...

hola, entro todos los dias esperando algo nuevo y nada, ia po...



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