Se cansaba con frecuencia de la compañía de sus "supuestos" pares, así que, en actitud desafiante, se mandaba a cambiar, a veces por varias horas. A nadie le extrañaba, en definitiva y, más allá de ser un tipo bastante normal para su edad, quizás un poco agrandado e incluso amargado, según el comentario de consenso, más allá de generar una espectativa únicamente protocolar entre los mayores que le tenían a su cargo, a nadie le preocupaba demasiado cuando, ni a grito pela'o, lo hacían aparecer. Las cosas continuaban sin mayor inconveniente, hasta que se dignaba en asomarse, con cara de satisfacción, por detrás de sus compañeros.
El reto de costumbre, la mirada al frente -como siempre-, alguna respuesta un tanto hermética... y listo!
El cotorreo hablaba de... "extrañas conversaciones consigo mismo", "se copetea pa' calla'o", "parece que fuma marihuana"... "va a puro corrérsela no más", y quien sabe que más. La imaginación es un territorio virgen, incluso cuando no tiene sentido el recorrido ni el destino e incluso para los fines más sórdidos y absurdos...
Yo, quién sabe por qué, un día me preocupé; tal vez, sólo por curiosidad -o tal vez no-, pero ese día decidí desaparer con él. Lo seguí por el camino que subía el cerro del sureste, hasta un sendero que yo no conocía y que viraba bruscamente hacia el norte. El camino era escarpado, pero, ha decir verdad, no fue mucho lo que caminamos. Lo miré sentarse en un recoveco, justo al lado del estero que llegaba al encanche donde todos los demás se encontraban, a esas alturas del día, buscándonos a grito pela'o. Estábamos tan cerca que se podían distingir las voces, ahora nuevas, ya que no era sólo él el que faltaba.
Sacó un cigarrillo y lo fumó, mientras miraba el agua bajar por entre las piedras. Cuando lo terminó, botó y pisó la brasa y se guardó la colilla -su hermano le dijo una vez: "son colillas, no semillas"-, y se recostó de espaldas, con la vista fija en el cielo, con los brazos abiertos, con las piernas relajadas.
No estaba bebiendo, ni fumando marihuana y menos masturbándose. Sólo estaba tendido de espaldas, respirando, lentamente, la imagen que desde el cielo bajaba hasta sus ojos o que desde sus ojos cansados, subía hacia ese celeste moteado. Y, casi imperceptiblemente, sonreía.
Bajamos juntos, de la mano, casi al final de la tarde. Y cuando llegamos a la plaza central, mientras escuchaba los alaridos desesperados de la Rosita y la Gloria... ¡lo besé!, ¡si!, ¡yo lo besé a él!
En la compañía no lo podían creer. En la tropa tampoco -finalmente, al "extraño", le había tocado...-
Y entre las miradas suspicaces de mis compañeras y los comentarios morbosos de todo el resto, lo único que recordaba, eran nuestros cuerpos, uno al lado del otro, tan sólo rozando las puntas de nuestros dedos, en silencio... y sólo lograba oir, una y otra vez, profundo dentro de mí, lo único que me dijo: ¿lo sentiste? ¿sentiste como girábamos con la tierra?
jueves, 12 de abril de 2007
Cámara Lenta
Publicado por
Espartanos...
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2:32
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3 comentarios:
Tres cuartos para las once de la tarde y caminé dando tumbos creyendo que una niña muy hermosa me seguía... anduve más lento para que me alcanzara y de hecho lo hizo, luego me sobrepasó. Nada especial en realidad...
No todos tenemos la capacidad de ser cuentos...
Lo Leí Todo
Fue raro, no recuerdo si en alguna parte del texto nombras el lugar, pero no pude evitar sentrime por alla cerca de tuniche, en fin.
no sera la ultima vez que ande por estos lados
http://sabadoporlatarde.blogspot.com/
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